Corazón de arquitectura

Este blog está dedicado a la investigación, re- valorización, difusión y conservación del Patrimonio tangible e intangible de la ciudad de Rosario, a través de postales antiguas, notas del autor, fotografías históricas y actuales de los hitos edilicios de una ciudad que concentra obras de los arquitectos más importantes de la época de oro de la arquitectura nacional y destacadísimos profesionales de actuación local que forman el corpus patrimonial de Rosario.

Autor: Arquitecto Pablo Mercado
Tuitter: @pmercado10
email: pmercado400@gmail.com
Colaboracion especial: Ana María Ferrini

domingo, 3 de febrero de 2019

El 3 de Febrero de 1813 y de 1852


El 3 de Febrero, Rosario, Caseros y San Lorenzo
¿Qué significa ser ROSARINO?
¿Cómo se construye CIUDADANÍA?
Autor: arq. Pablo Mercado.

Este texto contiene algunas hipótesis e interpretaciones que se sostienen en una IDENTIDAD que se construye en significados posibles. Como en el Código Da Vinci, del escritor Dan Brown, podemos ver lo evidente o pensar que otro significado está presente bajo esos mismos nombres o sus omisiones.

La trama urbana de Rosario nos propone un juego simbólico y de significados, algunos presentes y otros que necesitan ser decodificados, Tal vez quien estableció la nomenclatura de la ciudad pudo inscribir algunas fechas por la dualidad de su significado y a otras el uso coloquial las fue deformando en su idea de representación, permitiendo hoy respuestas que no se sostienen en la lógica temporal.

El 3 de febrero se conmemora en Argentina la Batalla de San Lorenzo, que tuvo lugar el el 3 de febrero de 1813 junto al Convento San Carlos Borromeo, en la localidad de San Lorenzo, ese mismo día en nuestro país, también, coincide la fecha, con la conmemoración de la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. Ese día el Ejército de la Confederación Argentina "Ejército Grande" al mando del General Justo José de Urquiza, venció a las tropas del Brigadier Juan Manuel de Rosas, en el lugar llamado Caseros.

Sin dudas la construcción de la independencia no es algo menor, ni la única batalla en tierras nacionales o la primer batalla del Coronel José de San Martín en territorio sudamericano, como tampoco -debería ser menos importante- la batalla por la organización nacional, el libre comercio, la libre navegación de los ríos, la educación primaria pública laica obligatoria, y la independencia de poderes, base de la vida institucional que se plantearon en esa Constitución Nacional proclamada en 1853.

En la ciudad de Rosario -ciudad que no reconoce fundador- se plantean estos interrogantes aún hoy y es importante que los podamos pensar. ¿Porque se llama hoy una calle 1° de Mayo en homenaje a esa primer Constitución proclamada en 1853 y que en la actualidad muchos confunden con el día del Trabajador (instaurado en París en 1889)?.¿Porque una calle se llamaba 25 de Diciembre (Juan Manuel de Rosas), es por la conmemoración del nacimiento del niño Jesús, o es por la fecha en que las fuerzas del Ejército Grande pasaron por Rosario, después de cruzar el Río Paraná y los habitantes apoyaron, en desmedro de las autoridades obedientes a Rosas, que huyeron a San Nicolás de los Arroyos en la provincia de Buenos Aires. Es por el apoyo a esa gesta que la Villa del Rosario se convierte en Ciudad el 5 de agosto de 1852.

La calle Urquiza, que nace en la Bajada Grande (Bajada Sargento Cabral), junto con las calles Puerto (San Martín) y Aduana (Maipú) dan una idea del capital simbólico de esta ciudad que se construyó sobre los caminos y luego calles: Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, sumado a ideales como Libertad -del tirano- (Sarmiento), Progreso (Mitre) y Comercio (Laprida). entre otras calles que toman el nombre de las "provincias amigas" como Mendoza, San Juan, San Luis La Rioja, Tucumán, Catamarca, Salta, Jujuy, Entre Ríos y Corrientes se destacan las ciudades amigas como Montevideo, héroes como Guillermo Brown, Martín Miguel de Güemes, Balcarce, lugares como San Lorenzo, tal vez aquí la verdadera conmemoración de la batalla y algunas fechas como el 9 de julio -como el día de la independencia Argentina- y el 3 de Febrero, entendido como la celebración de la Batalla de Caseros.

Tal vez alguien insista con la fecha del 3 de Febrero y la asociación con el día de la batalla de San Lorenzo, pero para mi estará siempre presente en la dualidad de Rosario, ciudad fundada sin fundador, que sin dejar afuera a lo nacional sigue teniendo una identidad fuertemente local, que nos lleva a identificarnos, ante la pregunta: ¿de dónde sos?, con la respuesta: SOY ROSARINO.








jueves, 17 de enero de 2019

En Barcelona....Protección del patrimonio arquitectónico...

En Barcelona....Protección del Patrimonio Arquitectónico...


"El patrimonio cultural es uno de los testigos fundamentales de la trayectoria histórica y de identidad de una colectividad nacional. Los bienes que lo integran constituyen una herencia insustituible, que hay que transmitir en las mejores condiciones a las generaciones futuras. Los catálogos de protección de patrimonio son el instrumento adecuado para poder proteger todo este legado.

El antecedente del Catálogo de Patrimonio de la Ciudad de Barcelona se remonta a la Ley de Suelo de 1956 donde se fijaba que los municipios tenían que aprobar unos listados o catálogos de edificios que a causa de sus valores artísticos, históricos, arqueológicos, típicos o tradicionales no podían ser derribados. La consecuencia de esta normativa quedó materializada en la aprobación el 30 de octubre de 1962 del Catálogo de Edificios y Monumentos de Interés Artístico, Histórico, Arqueológico y típico o tradicional con categoría de Plano parcial.
Este documento fue el primero que se redactó en el Estado español, fruto de un legado de incalculable valor elaborado por el equipo dirigido por Adolf Florensa, arquitecto municipal que dirigía el Servicio de Edificios Artísticos y Arqueológicos y de Ornado Público con el fin de cuidar de la conservación de los monumentos de la Ciudad.
Así mismo, la falta de una plena vinculación del Catálogo con los instrumentos de regulación urbanística lo convirtieron en un mero inventario, por lo que la eficacia del Catálogo era casi nula, no tenía ninguna otra utilidad que la de constituir un trámite más en el proceso de obtención de determinadas licencias de derribo. La catalogación en la práctica ni protegía, ni comportaba que se tuviera que actuar con un particular respeto sobre los edificios reconocidos.
En los años 70, periodo de notable actividad constructiva, se hizo casi imposible, conciliar esta dinámica de crecimiento con la pervivencia del pasado. El caso de Can Serra se convirtió en paradigmático, fue la piedra de toque de una conciencia generalizada de mantener la memoria histórica de una ciudad indignada por la pérdida excesivamente habitual de sus edificios más emblemáticos.
La aprobación definitiva el 18 de enero de 1979 del Catálogo de Patrimonio Histórico-artístico de la ciudad de Barcelona constituyó un paso más en la valoración del patrimonio, a pesar del cual no resolvía la contradicción existente entre la afectación urbanística y la protección de un elemento concreto. Ante una afectación urbanística se establecía que era factible la descatalogación y consiguiente derribo de un edificio si existían "previsiones de planeamiento de interés público prevalente".
Durante los años ochenta la protección de patrimonio se asume colectivamente y la valoración de la arquitectura histórica es un hito demostrativo de la evolución de la ciudad. Bajo esta premisa, la Generalitat de Catalunya de acuerdo con la competencia exclusiva en esta materia que le es atribuida, elaboró la Abrir documento PDF Llei 9/1993 del Patrimoni Cultural Català. La Ley parte de un concepto amplio del patrimonio cultural de Cataluña y es objeto de ésta, la protección, conservación, la investigación, la difusión y el fomento del patrimonio cultural. Se establecen dos categorías de protección A y B comunes a bienes muebles, inmuebles e inmateriales y deja entrever otra categoría.
El problema entre la protección y los planes urbanísticos se intentó superar con la redacción de los Planes Especiales de Protección del Patrimonio Arquitectónico y Catálogo adaptados territorialmente en los distritos de la ciudad y aprobados definitivamente a lo largo del año 2000. Esta solución ha permitido coordinar los criterios de protección y los del planeamiento, de manera que la protección se ajusta actualmente de forma mucho más efectiva.
Los Planes establecen cuatro niveles de protección. La categoría superior la forman los elementos con nivel A (Bien Cultural de Interés Nacional), decididos por la Generalitat. La siguiente categoría la forman los de nivel B (Bien Cultural de Interés Local), decididos por el Ayuntamiento y ratificados por la Generalitat. El nivel C (Bien de Interés Urbanístico) es competencia absoluta del Ayuntamiento. Por último, los de nivel D (Bien de Interés Documental). Para las tres primeras categorías es obligado el mantenimiento, no es posible el derribo, mientras que al nivel D se permite el derribo después de presentar y ser aprobado un estudio histórico-arquitectónico"

Este texto lo recopilé en facebook el 17 de enero de 2017.
http://ajuntament.barcelona.cat/ecologiaurbana/es/servicios/la-ciudad-funciona/urbanismo-y-gestion-del-territorio/proteccion-del-patrimonio-arquitectonico


jueves, 14 de junio de 2018

MUSEO ESTACIÓN DE TRENES GALPÓN 10


ESTACIÓN DE TRENES GALPÓN 10

Creemos que debería existir un espacio en la ESTACIÓN DE TRENES GALPÓN 10 para que el ciudadano pueda tener que pensar la presencia del Ferrocarril.

El edificio es por concepción y resoluciones constructivas Patrimonio arquitectónico, un ejemplo de las estaciones que construyeran en el norte de Chile y en los EE.UU. los empresarios del Ferrocarril y cuyo modelo fue utilizado en Rosario al mismo momento.

Por su Patrimonio simbólico es la primera estación del interior del país, la primera de la Confederación Argentina, la primera de la Provincia de Santa Fe y la primera de la ciudad de Rosario. Es hoy la Estación más antigua -en pie- de toda la Republica Argentina.

Esta íntimamente ligada al territorio de la provincia de Santa Fe, pudiendo rastrear el origen de poblaciones y el trazado ferroviario y hacer un punto común en la Primera Estación del Galpón 10. Son numerosos los registros de pueblos formados por el Ferrocarril Central Argentino (F.C.C.A.) y otras líneas posteriores y aún los territorios catastrales que se desprenden de su trazado.

La red ferroviaria del F.C.C.A., con centro en la estación de Rosario, fue punto de partida de una muy importante red mundial siendo la segunda de la Argentina en extensión de vías, muchas de las cuales aún subsisten.

Están presentes en LA ESTACIÓN DE FERROCARRIL GALPÓN 10 de Rosario la idea de Rosario como Capital de la Confederación Argentina, el Federalismo, el General Justo de Urquiza, Alan Campbell, William Wheelwright y la acción de soldados, ciudadanos y obreros que construyeron y sostuvieron esas ideas con su esfuerzo y trabajo.

Comercio, Progreso y Libertad fueron tres calles de la ciudad de Rosario que nacieron con el Puerto y el F.C.C.A., que en un principio fueron uno solo. Las variables y componentes de puerto, ferrocarril y ciudad fueron una unidad indisoluble, en esos días, y podrían serlo en el futuro nuevamente si lo tratamos de entender, aunque hoy en el área central estén ausentes dos de ellas.

Poder pensar a la ciudad de Rosario como una ciudad próspera, es una idea que los rosarinos debemos poder ubicar en el presente para poder entender el pasado y proyectar en el futuro.



domingo, 15 de abril de 2018

Historias del teatro... El Círculo (Capítulo III)


El arq. Goldammer y la finalización de la obra

Autores arqtos[1]: Analia Brarda, Roberto De Gregorio, Pablo Mercado
Este texto se publicó originalmente en la revista del Teatro "El Círculo" de Rosario, en el año 2002.

"La fábrica del teatro, abandonada a su suerte, sin destino preciso, refugio de menesterosos, en la ciudad de fines del siglo XIX, y por ello se la conocía como la “Cueva de los ladrones”, proceso similar que en ese mismo tiempo ocurrió al Teatro Colón de Buenos Aires.

Estrechamente cercano a su historia, el señor Emilio O. Schiffner[2], sería quien concluyera el edificio – pues adquirió la sociedad a principios del siglo XX- y continuó las obras para su inauguración.

Para ello, contrató al ingeniero arquitecto alemán George Goldammer, especialista en acústica, quien respetó  la estructura del planteo original y realizó algunas modificaciones al  proyecto de Cremona y Contri. Luego de un concurso de precios donde participaron las empresa de Rezzara, Censi, Durerindelli y Pini, Cremona, Gajera, Vittorio Biachi y Vila, la prosecución de las obras se encomendaron a la  empresa constructora Bianchi, Vila y Cía.; a cargo el señor Enrique Taiana[2] responsable de la misma.

Los estudios de precios los realiza Schiffner en persona, por que según los registros gran parte de las nota de control estaban escritas en alemán en su idioma natal. Su seguimiento permanente de la obra lo deja registrado cuando aprueba cada uno de los bocetos de las luminarias, cortinado, pinturas propuestas.

Así, uno a uno, se fueron incorporando los diferentes elementos constitutivos de la obra. Bajo contrato, Giuseppe Carmignani, sería quien pintaría el gran plafónd de la sala principal. Una cornisa de significativas dimensiones que circunda la corona en la que, una serie de medallones con figuras alegóricas quedan interpoladas, con retratos de Verdi, Wagner, Mozart, Donizetti, Meyerbeer, Bellini, Gounod y Rossini, entrelazados con guirnaldas; alrededor de un círculo menor que simula ser el firmamento y en el cual aparece la rúbrica de su autor.

Sería también Carmignani, el creador de la alegoría a la música que se encuentra en el centro de la bocina de la boca de escena y del magnífico telón de boca que vela el escenario, y es réplica del "Sipario", creación del pintor y escenógrafo italiano, Giovanni Battista Borghesi, quien hiciera para el Teatro Regio de Parma en 1824. El telón no es sino el gran cuadro que adorna la sala desde la boca de escena. Todas las miradas de los espectadores se centran en él. Por esta razón la elección del pintor y del motivo fueron sujetas a un riguroso control por parte del propietario y del arquitecto.

El lugar privilegiado del encuentro social era el foyer. Por ese motivo su diseño fue especialmente esmerado. Cada una de sus partes, tanto los dibujos de la marquetería del piso, como la elaboración de sus carpintería, el juego de sus espejos enfrentados y los ricos tapizados evocaban una imagen de suntuosidad. A su vez  se incluyó en el equipo de trabajo al pintor italiano Salvador Zaino instalado en la ciudad exitosamente desde 1889 , formado en la academia de Bellas Artes de Génova, para la decoración de los cielorrasos de este sector. Los motivos por el representados se refieren  a un mundo de figuras mitológicas sobre un fondo que proponía  la ilusión de estar en presencia de espacios infinitos.

En esta etapa de finalización de la obra, esta debería de haber ofrecido un enjambre de obreros, artesanos y profesionales trabajando al unísono, uniendo los esfuerzos en un aporte común. Era todo un gran obrador formado por artesanos de todas las nacionalidades y con materiales de todo el mundo. En particular los catalanes se destacaban por sus trabajos de herrería. En tanto que los italianos del norte, del centro y del sur de la península, cubrían todas las áreas de la construcción desde las tareas más rústicas hasta las más especializadas como los frentistas.

En este ámbito y en esta época, cabe recordar el modo en que se formaba un aprendiz. La escuela era el mismo lugar de trabajo: la educación se basaba en la acción, en la practica diaria. Los documentos y planos de obra demuestran que cada gremio, cada especialidad sabía lo que tenían que hacer, porque los datos que aportaban los legajos eran bastante genéricos, pero se complementaban con una intensa dirección de obra y con el saber y el amor propio de cada artesano.

El martes 7 de junio de 1904, llegaría la esperada gran noche, concretándose la inauguración de este gran teatro lírico. Pocos días antes, el 19 de mayo, su rival el teatro Colón también abriría sus puertas al público. Rosario dispuso entonces no solo de un teatro moderno sino de dos, evidenciando las pujanza de la ciudad."















(1) Miembros de la Comisión de Preservación del Patrimonio del Colegio de Arquitectos Distrito 2 Cad 2. Miembros del Centro de Documentación de Arte y Arquitectura Latinoamericanas Rosario (CEDODAL Rosario). Docentes de la Facultad de Arquitectura de la UNR.

[2] Formó parte de la Sociedad Anónima Teatro la Ópera desde 1888
[3] Enrique Taiana. Constructor italiano realiza numerosas obras en la ciudad, como las viviendas particulares de
Copello en Córdoba al 1800
Domingo Minetti en Córdoba 1800..
Firpo calle Córdoba al 2000
Minetti Colombo en Corrientes y San Lorenzo
Barlett en Córdoba y Laprida




lunes, 9 de abril de 2018

Historias del teatro... El Círculo (Capítulo II)


Autores: arqtos.: Analia Brarda, Roberto De Gregorio, Pablo Mercado (1)
Este texto se publicó originalmente en la revista del Teatro "El Círculo" de Rosario, en el año 2002.

Proyecto de un teatro en Rosario de los arquitectos ingenieros Cremona y Contri

"El actual edificio que aloja a la Asociación Cultural El Círculo fue originalmente construido como Teatro La Opera. La historia debe necesariamente remontarse al llamado a concurso de proyectos de un Teatro, que realizara la Comisión Directiva presidida por Benjamín Ledesma. No hay datos sobre los participantes, aunque sí sobre la firma ganadora, los arquitectos-ingenieros Cremona y Contri. El objetivo del concurso era lograr la construcción de una sala de espectáculos que estuviera a la altura de los más importantes teatros del mundo. Si bien no estaba determinado un presupuesto, se puede inferir la idea de que la comisión pretendía optimizar el resultado con la menor inversión posible.

El 28 de febrero de 1889, estos proyectistas, entregaron a los evaluadores siete planos principales, tres de detalle, el cálculo para la construcción de la cúpula, un presupuesto total por trescientos sesenta mil pesos moneda nacional y una Relación respecto de la construcción de un teatro en el Rosario de Santa Fe a modo de memoria descriptiva. Este último es un texto escrito a mano en veinte hojas a doble cara en letra de imprenta donde se describe exhaustivamente el proyecto, que coinciden con precisión con el edificio actual, a pesar de que fue concluido por otros profesionales.

Los ganadores estaban formados con el método de diseño de la Ecole de Beaux Arts. Este sistema se basaba en la idea de componer o ensamblar las partes de un edificio considerándolo como un todo, distinguiendo esas partes en elementos de composición (distintos tipos de espacios) y elementos de arquitectura (muros y aberturas). Encarado así, el diseño se entendía como un procedimiento científico. Esta meticulosa operación se apoyaba en las directivas de los tratados de arquitectura, textos muy especializados referidos a cada parte de una obra. El conocimiento, manejo y aplicación de dichos tratados inscribían a la producción arquitectónica dentro de los parámetros de la modernidad del siglo XIX.

En este caso Cremona y Contri se plantearon como primera decisión la ubicación de la sala, elemento de composición angular, a la que dedicaron la mayor atención. A partir de ella se organiza el conjunto, definiendo los ejes que se proyectan tanto en la fachada, ordenando sus llenos y vacíos, como en  la disposición del hall de ingreso y del foyer. Cada espacio presenta una lectura unitaria independientemente del resto pero sujeto al sistema de ejes; de esa manera el todo se constituye en el mensaje, y no la parte que se vuelve una anécdota. Este sistema permitía una adhesión a la entonces llamada unidad artística -reglas comunes a todos los oficios y especialidades de la construcción que aportaban un común denominador en la gran complejidad del edificio-. De esa manera era posible la suma armoniosa de elementos provistos por artesanos, pintores y decoradores, o comprados por catálogos como las butacas y luminarias. Se verifica así, una subordinación de las Bellas Artes y la Decoración, que no desarrollan sus propias leyes sino que se ubican sobre el orden general de la composición. La producción artística ocupa precisos espacios, propone diferentes motivos, cumpliendo con el rol que se le asigna, pero sin posibilidades de participar en la definición de un diseño integral o realizar planteos innovadores.

Los profesionales, en su memoria del proyecto, aludían al diseño de un teatro "moderno", que respondiera a la resolución de los problemas de higiene, seguridad y acústica. El sistema de ventilación propuesto seguía los lineamientos de los expertos Dareet, del Reid y del Böhm, basados en principios físicos de circulación de aire, previendo la posterior instalación de energía eléctrica. En el corte aparece el proyecto de un soplador que aseguraba corrientes internas de aire en el interior de la sala, forzadas hacia fuera, preparado para ser conectado a la energía eléctrica para reforzar la dinámica propia del aire caliente. Este sistema sería apoyado con un sistema de ventilación cruzada entre puertas en planta baja y ventanas en las plantas altas regularmente dispuestas.
Otro aspecto cuidado fue la seguridad. Contemplaron la rápida evacuación en caso de emergencia, materiales incombustibles, estructura metálica revestida en albañilería y un telón de hierro que aislara la sala en caso de incendio. Para este tipo de siniestros también previeron un sistema de mangueras abastecido por dos tanques de hierro para almacenar el agua en las terrazas.
En cuanto a las consideraciones acústicas, los profesionales propusieron adelantar el proscenio hacia la platea siguiendo un perfil circular convexo, bajar el nivel de la orquesta sobre una caja armónica, eliminar los diafragmas que dividen los palcos entre sí, excluir las paredes en la sala que pudieran apagar la fuerza viva de las ondas sonoras y definir la forma de la planta  de la sala con dos sectores de circunferencia: uno cóncavo y otro convexo. También subrayan la proyección en voladizo de las bandejas de las sucesivas galerías superiores, sin soportes verticales que obstaculicen la visión o impidan la propagación del sonido.
Previo a un pedido de precios por licitación privada a varias empresas, la ejecución se adjudicó, finalmente, a la firma Soler Hermanos, cuyos titulares eran, conjuntamente con Zenón Pereira, los mayores accionistas de la Sociedad Anónima propietaria del Teatro. Se conserva numerosa correspondencia entre las partes que nos permiten recrear el proceso de construcción del teatro. La construcción se detiene en 1890 debido a la crisis económica que atravesaba el país."

(1) Miembros de la Comisión de Preservación del Patrimonio del Colegio de Arquitectos Distrito 2 Cad 2. Miembros del Centro de Documentación de Arte y Arquitectura Latinoamericanas Rosario (CEDODAL Rosario). Docentes de la Facultad de Arquitectura de la UNR.





lunes, 26 de marzo de 2018

Historias del teatro "El Círculo" de Rosario. Capitulo I



Autores: Arqtos. Analia Brarda, Roberto De Gregorio, Pablo Mercado
Este texto se publico en la revista del Teatro "El Círculo" de Rosario, en el año 2002.

Historias del teatro… 
"Inicia la edición de una serie de relatos referidos al origen y devenir del teatro rosarino más importante de la ciudad.
La misma tiene como objetivo principal acercar al público , recuerdos, imágenes, historias que se han ido suscitando en un espacio público muy particular. En esta primera entrega se abordarán los recuerdos de los orígenes.

Los orígenes …
De mediados hasta fines del siglo XIX, la ópera italiana dominó el gusto del público mundial. En este contexto se creó un circuito comercial desde Italia pasando por Brasil, Montevideo, Buenos Aires, La Plata, Rosario. Las relaciones entre los empresarios, críticos, actores y público generaron un sistema que potenciaba la actividad teatral, otorgándole inusitada dinámica al mismo. Este intercambio se vio reflejado claramente en las crónicas esa época, las que dan cuenta de los numerosos emprendimientos teatrales.

Los consumos de géneros teatrales como la zarzuela y la ópera o los circenses eran un indicador de las dinámicas mediante los cuales los grupos sociales constituían identidades y espacios de poder en el campo simbólico. Cada grupo social definía el genero al que adhería y elegía los espacios para su representación.

Es así como para el 1906 en la  ciudad de Rosario, cuando la población ascendía a 153.800 personas, estaban funcionando distintos  teatros que daban respuesta variadas  los requerimientos del público, tales como el “Teatro Nacional” (calle Córdoba entre Comercio y Aduana); “Teatro Esperanza”(Calle Puerto Hoy San Martín, 1857/68), “La Opera” (Reconstrucción del teatro la Esperanza, 1878/85); “Teatro La Zarzuela” (calle Progreso -hoy Mitre- y Urquiza); “El Olimpo” (Progreso hoy Gral Mitre 534) primer teatro de la alta sociedad Rosarina, (calle Progreso,1871/1927); “La Comedia” (Gral. Mitre 944,1894); “El Politeama”; “Nuevo Politeama” teatro-circo (Mitre entre Córdoba y Santa Fe, reconstruido en 1899)[1].

La pujanza del negocio teatral  tentó  a varios ciudadanos a  conformar la “Sociedad Anónima Teatro de la Ópera”, con el  objetivo de construir y explotar un nuevo teatro de primera clase.

Hacia 1889, esta sociedad logra reunir la suma de $500.000 (quinientos mil pesos moneda nacional) suscriptos mediante acciones para llevar adelante las obras necesarias. Regía la vida de la Sociedad Anónima un directorio presidido por primera vez por don Benjamín Ledesma, vicepresidente don Gregorio Machain y vocales, Zenón Pereira, Juan M Ortiz, Aquiles Chiesa, Federico Somoza, Pedro L. Funes, Manuel Sismondi, Bernardo Rouillón y Lisandro de la Torre...Las ganancias se distribuirían dejando un diez por ciento para el fondo de reserva hasta completar el veinte por ciento del capital, y el noventa por ciento restante a distribuir entre los accionistas, como dividendo en proporción al capital erogado. Se integraron $ 200.000 en partes de 10.000 figurando además de los miembros antedichos del directorio, Emilio D. Ortiz, Lastenes Colombres, Marcos Paz, Enrique Rodríguez, Eloy Palacios, Eudacio Rodríguez, Luis Alfonzo, Alfonzo Zenac, Lucio Doncel, Gualberto Escalera, Elías Alvarado, Leopoldo Moreira, Luis Bareli, Esteban Frugoni, Emilio Schiffner, Soler Hermanos y Crisólogo Rodríguez .[2]

Para llevar adelante el proyecto adquirieron un terreno, “dentro del área central”, en la esquina de las calles Mendoza y Comercio, hoy Laprida. 

La elección del lote no aportó un mayor interés el resultado final de la obra. Inmerso en la cuadrícula, entre medianeras, sin una clara perspectiva y con edificaciones vecinas, no permitió que esta se potenciará en su emplazamiento como lo hizo el Teatro Colón de Bs. As., ubicado frente la Plaza Lavalle –en una ubicación exenta- que resolvió mejor la llegada de espectadores y su emplazamiento urbano. Sin duda esto da cuenta del apresuramiento con que se definían los emprendimientos en aquella época.

Una vez en posesión del terreno, la comisión directiva, presidida por el Sr. Benjamín Ledesma, decidió llamar a un concurso de anteproyectos. No se registran datos muy precisos de los participantes del mismo, pero sí de lo aportado por la firma ganadora, los arqtos.- ings. Cremona y Contri, con estudios establecidos en Andes 172 de Bs. As. y en calle Bajada 34 de Rosario.

Los profesionales en las memorias descriptivas del proyecto pusieron de  manifiesto su voluntad de  diseñar un teatro moderno, a fin de  responder a preceptos rigurosamente científicos, que condensaban lo observado en cuanto a la resolución de los problemas de higiene, seguridad y acústica desarrolladas con las mejores reglas del oficio en los mejores teatros como Della Scala en Milán, la Ópera de París; Carlos Felice en Génova, Covent Garden de Londres, Ópera de Viena, Real de Oriente en Madrid, Parma en Italia y entre los de segundo orden Argentina en Roma, Lírico en París, Reims en Reims, Bordeaux, y Orden de París.

Para  1890 el Teatro la Opera solo constaba de las obras de albañilería hasta la altura del primer piso. Y para el momento en que se desata la crisis de los años 90, la Sociedad Anónima decide por asamblea la venta del edificio en el estado de obra en el que se encontraba entonces, después de largo tiempo de paralización.


Continuará en la próxima entrega..."













[1] El tema ha sido mas ampliamente desarrollado por Rafael Oscar Ielpi. Vida Cotidiana Rosario siglo XX. Capitulo 10 Edición Nº1 año 2001 Imprenta Borsalino
[2] Estatutos de la Sociedad Anónima “Teatro de la Opera” Rosario de Santa Fe, Litografía y Tipografía “Fleuty” Puerto 204, año 1888.


domingo, 18 de marzo de 2018

Emilio O Schiffner


Autor: arq. Pablo Mercado, 

Este texto se publicó en la revista del Teatro "El Círculo" de Rosario en el año 2002

"La historia de Emilio O Schiffner es la historia de muchos hombres ciudadanos del mundo y rosarinos por adopción. Es tal vez el paradigma de la Argentina construida por el inmigrante en base a las leyes y el capitalismo.

Pocos datos tenemos sobre su vida, pero el hecho de ser un personaje público y un hombre de negocios nos permite conocer anteriores semblanzas que se escribieron sobre él, así en 1911 en el libro: Impresiones de la República Argentina en el siglo XX Nos dicen: “…la opinión de un comerciante próspero que ha pasado los mejores años de su vida en la Argentina, es digna de mención, pues habiendo llegado a la meta de sus aspiraciones, puede ahora con imparcialidad y capacidad deducir de su vida las lecciones prácticas de la experiencia. El señor Schiffner, conocedor de los medios contradictorios que ofrece la Argentina para la prosperidad de los hombres de negocios, manifiesta con firme convicción que el país se halla ahora en mejores condiciones que nunca, y que el capital no es necesario para la fortuna, y que solo es indispensable el conocimiento del país, el del idioma, y un trabajo asiduo. Estas aptitudes que están al alcance de todos, son en su opinión la fuente del éxito.”[1]

Nació en Suiza[2], en el Cantón Schaffhausen de gran influencia alemana, llegó a nuestro país en 1874, a los 28 años de edad. Pasó su práctica comercial en Breslau, Viena y Nueva York; pero carecía absolutamente de capital. Su primer empleo fue el de contador de la casa Mantels y Pfeiffer en Buenos Aires; después se hizo vendedor, con cuyo motivo estudio las condiciones comerciales de muchas provincias. La experiencia le mostró la expansión mercantil que ofrecía las necesidades de los pueblos agrícolas argentinos y en 1882 estableció una sucursal en Rosario, para la misma firma de Buenos Aires, dedicada a toda clase de negocios[3]. En pocos años fue socio principal y durante un gran período la casa giró bajo el nombre Schiffner y Cía.[4], esta empresa contaba con un muelle conocido como barraca Schiffner y Cía. ubicado en la zona, hoy conocida como Barrio Refinería, en los terrenos al sur de la refinería de azúcar propiedad de Ernesto Torsquinst .

Emilio O. Schiffner -de 41 años-se casó con Rosario de Larrechea -de 31 años- en la Capilla de Santa Rosa de la ciudad de Rosario el día 19 de enero de 1888. Fueron testigos la Señora Clodomira de Larrechea y el señor Julián de Bustinza.
En Europa residían en Chauvigny, donde tenían una residencia y también en Geneve en Suiza. Cuando venían a la Argentina sabían hospedarse largas temporadas en el Plaza Hotel de Buenos Aires (1907) y en el Bristol Hotel de Mar del Plata[5].
Este matrimonio tuvo dos hijas mellizas: Emilia -que se casó con Carlo Valenti Gonzaga, Conde de Arrivabene, de cuya unión nacieron Opprandina y Moreschina Gonzaga Schiffner de Larrechea- y Rosario, que se casó con un Gonzaga, hermano de su cuñado, quien pierde la vida en la primera guerra mundial. Se casa posteriormente con el Conde Sergio Zouboff, tuvieron casa en buenos y construyeron el Hotel Lancaster, donde residían, de este matrimonio nació Tatiana Zouboff Schiffner, quien falleció trágicamente en un accidente en Punta del Este, en 1957. En Memoria y recuerdo de esa hija su madre realizó una millonaria donación de objetos de arte al Museo Nacional de Arte decorativo, Conocida popularmente como “Colección Zouboff”[6].

Fundó junto con Blas Quintín Munuce y Emilio D. Ortiz[7] la colonia conocida como Pueblo Schiffner, en la provincia de Santa Fe[8].

El Banco Provincial lo tuvo como uno de  sus directores…

Participó en la Comisión Directiva de la Bolsa de Comercio de Rosario -fue tesorero del período 1886/88 de la Cámara Síndical; vicepresidente -desde 1890 hasta 1891-; vocal desde 1895 hasta 1896 y Presidente de la Cámara de Comercio desde 1898 hasta 1899[9], período en que el Centro Comercial de Rosario pasó a denominarse Bolsa de Comercio de Rosario.[10]

En 1888 funda con un grupo de empresarios la Compañía de Seguros "La Rosario", entre quienes estaban(..). Esta empresa tuvo su sede en calle San Lorenzo 1121 y luego, hacia el año 1929, encomienda al arquitecto Alejandro Bustillo el edificio de rentas de calle Urquiza y Entre Rios. En Buenos Aires su sede estaba en Avenida de Mayo 715. Schiffner fija en alguna correspondencia su domicilio en Buenos Aires en esta misma dirección.

Fundó también la Compañía Nacional de Petróleos de Buenos Aires

Participó de la función pública; durante mucho tiempo fue concejal Municipal de Rosario, y llegando a vicepresidente del concejo Municipal, en el mismo período en que Luis Lamas fue Intendente

Formó la Compañía Inmobiliaria Schauffhausen[11] que administraba sus bienes.

El proyecto ganador del concurso para un teatro en Rosario fue el de los arquitectos ingenieros Victor Cremona y Silvio Contri[12]

Cuando E. Schiffner compra la obra del teatro llama a concurso de precios[13], se presentan diferentes profesionales para cotizar los precios de diferentes rubros como: I albañilería y II escaleras: Ing. arq. George Goldammer; Enrique Ghermandi -con estudio en Alvear 265 de Rosario-; Durelli & Turín -empresa constructora de reconquista 268 Bs. As.-; Juan Gaggera; Felipe Censi; Vittori Bianchi -constructor de obras de Viamonte 2362, Bs. As.-; para III carpintería y IV aberturas: Goldammer; Gaggera; Censi; Baridelli y Pini; Cremona; S. Vila y Cía. En VI Herrero y fierros. VII Hojalatería. Cloacas y aguas corrientes: Goldammer; Ghermandi; Durelli; Gaggera; Censi y Vittori Bianchi.  En el VIII yesería Goldammer; Ghermandi; Durelli; Gaggera; Censi; Bellachio. Para XIX marmolería se suma Casabella y para X pintor, solamente se presentan Goldammer; Gaggera y Felipe Censi. En este concurso es elegido George Goldammer quien finaliza la obra."




                                                                                    
NOTAS


[1] Impresiones de la República Argentina en el siglo XX, 1911, Ed.  Loyd.
[2] Nació en 1846.
[3] Esta casa vendía cajas fuertes, arados, semillas e implementos para el hombre de campo.
[4] Este dato se encuentra en la Biblioteca de la Bolsa de Comercio de Rosario En se publicado 1901 se produce un pleito y se disuelve la sociedad entre Mantels y Pfeiffer y Schiffner.
[5] Así lo atestiguan las cartas con membretes de estos hoteles, que permanecen en el Archivo del Teatro.
[6] Los datos familiares fueron aportados por el CPN. Martín Munuce, en base a una recopilación del Sr. Néstor D. de Larrechea.
[7] Nació en Buenos Aires en 1851, y se educó en Rosario. Fundo las colonias agrícolas de “San Jorge”, “Sastre”, “Concepción”, “Ortiz”, “La Jerva” (10.800hectáreas, donde estaba su casa de descanso) y “Las Bandurrias” en Santa Fe y “Armando” y “Marcos Sastre” en Córdoba. Fue Senador Provincial  y Concejal Municipal. Fue por un largo período Vicepresidente de la Sociedad de Seguros “La Rosario, Fue presidente de la Liga del Sur y de la Liga de Observancia Dominical. Fuente: Impresiones de la República Argentina en el siglo XX , 1911, Ed.  Loyd.
[8] En 1893 presentaron ante el Ejecutivo provincial  la solicitud de aprobación de la traza de la colonia y pueblo de Landeta, según planos de los agrimensores Leslie G. Barnett y Tomás de Panfils. El lote de 13.448 hectáreas fue inicialmente de Schiffner, Ortiz y Landeta, por compra efectuada el 16 de diciembre de 1892 al señor Guillermo Kemis. En 1893 Landeta vende a Munuce su parte indivisa, pero la nueva sociedad respeta y conserva el apellido de este. El loteo es aprobado el 19 de junio de 1893. En 1899 el vecindario de Landeta solicita al gobierno que se sustituya el nombre por el de Schiffner aduciendo que “…hace como tres años que pasó a ser la Colonia de exclusiva propiedad de Don E. O. S. y… desde este cambio de dueño son incesantes los beneficios que venimos recibiendo del inefable señor Schiffner…”. En 1905 se insiste con este pedido destacando lo realizado por Schiffner: “en momentos difíciles porque ha atravesado la provincia en su ramo de agricultura ha usado de toda clase de consideraciones con los colonos y  vecinos..., evitando así la despoblación y la miseria en muchos hogares. Además ha hecho construir de su propio peculio un edificio con suficiente comodidad para que viva la autoridad local, ha donado una regular suma de dinero para la construcción de la iglesia que tenemos actualmente (el primer oficio religioso se celebró el 8 de setiembre de 1904) y el terreno que ya está a favor de la Curia y finalmente nos consta que esta dispuesto a contribuir con el terreno y una suma de dinero que próximamente se gestionará”. El 26 de octubre de 1905 el ejecutivo provincial resuelve sustituir el nombre de Pueblo y Colonia Landeta por el de Pueblo Schiffner. El 2 de diciembre de 1911 la empresa del ferrocarril Central Argentino libra al servicio Público una nueva estación, la de Landeta, ubicada unos kilómetros al sur del centro urbano de la Colonia Schiffner, pero dentro de la jurisdicción, se produjo una inmigración hacia el área que despobló el núcleo original. En 1932, la zona que había crecido junto al ferrocarril cambió su nombre por Colonia Landeta. Datos extraídos del Archivo General de la Provincia de Santa Fe. Rep. A.G.P. Nº 4.093/92. Suministrados por el CPN. Martín Munuce.
[9] Boletín oficial de la Bolsa de Comercio del Rosario, Rosario, 1934.
[10] De Marco, MA; Ensinck OL. Los Cien años de la Bolsa de Comercio de Rosario. Esc. de Artes Gráficas del Colegio San José, Rosario, 1984.
[11] En honor a su lugar de nacimiento
[12]El arquitecto ingeniero italiano Silvio Contri proyectó el edificio para la Secretaría de Comunicaciones (1904-1911) en el DF de México. Uno de los sueños de Porfirio Díaz era que México fuera reconocido en el mundo como un país moderno y próspero. Entre las medidas que adoptó para proyectar esa imagen, estuvo la construcción de grandes edificios con todos los adelantos técnicos de la época; así surgieron el Palacio de Correos, el gran Teatro Nacional, que ahora es conocido como Palacio de Bellas Artes, y el Palacio de Comunicaciones. Arquitectos italianos de renombre fueron contratados para realizar las obras; de las dos primeras fue responsable Adamo Boari y de la tercera Silvio Contri. Este último inmueble tenía como propósito albergar a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, dependencia esencial para el desarrollo económico que buscaba la administración porfirista, por lo que se ordenó que su sede fuera imponente. Silvio Contri diseñó un edificio ecléctico, que algunos críticos definen como neorrenacentista, de enormes proporciones, recubierto de cantera almohadillada y con elaborada herrería. En el interior contrasta un patio de dimensiones reducidas, con la monumental escalera. La decoración interior: tallas en madera, pinturas, yesos, herrería, mobiliario y demás, que nos hacen evocar a los lujosos palacios europeos; fue  realizada por el florentino Mariano Coppede y sus hijos. Los elementos decorativos de bronce, como los maravillosos faroles, las puertas y ventanas de herrería, fueron traídos desde Florencia, Italia. La construcción se inició en 1904, en el predio que había ocupado el hospital de San Andrés, célebre porque en su capilla se embalsamaron los restos del emperador Maximiliano de Habsburgo, antes de ser enviados a Viena. En 1911 fue inaugurado por Francisco I. Madero, haciéndonos recordar el dicho: "nadie sabe para quién trabaja". Años más tarde fue sede del Archivo General de la Nación y a partir de 1982 se estableció allí el Museo Nacional de Arte (Munal), que brinda un extenso panorama de la trayectoria seguida por el arte mexicano de la época prehispánica a nuestros días. En los majestuosos salones se muestran obras de arte de todas las épocas, entre las que sobresalen una magnífica colección de paisajes de José María Velasco, y otra de retratos de la famosa María Asunsolo, pintados por Soriano, Siqueiros, Diego Rivera y María Izquierdo, entre otros. En el vestíbulo se pueden admirar las soberbias esculturas Desespoir, de Agustín Ocampo; Malgré Tout, de Jesús F. Contreras, y Aprés l' Orgie, de Fidencio L. Nava. El inmueble tiene el atractivo adicional de estar frente a una de las plazas más bellas de México, la ahora llamada Manuel Tolsá, en homenaje al extraordinario arquitecto y escultor valenciano autor de la estatua ecuestre de Carlos IV, conocida popularmente como El Caballito, y del Palacio de Minería, ambas joyas principales de la plaza. Fuente Internet: www.jornada.unam.mx y en www.munal.com.mx
[13] Según lo documentado en la Biblioteca de la Asociación Cultural el Círculo, donde se conservan las cartas de algunas empresas y la lista que les fue suministrada.

lunes, 5 de marzo de 2018

Talleres Rosario




Autores: Arqs. Analia Brarda; Roberto De Gregorio y Pablo Mercado[1]

Este texto fue publicado en el catálogo de la Vidriera de CORDIC 2005. Dirigido por la arq. Matilde Bassi y editado por el arq. Javier Armentano. Realizado en el predio de los Talleres Rosario.

La Vidriera  de Cordic y el Patrimonio de Rosario
Nos avocamos este año, ya por tercera vez, a escribir sobre el edificio que ocupará la Vidriera de Cordic. Este año la edición 2005 se ubica en el que fuera el galpón de fragua del complejo “Talleres Rosario” del Ferrocarril Central Argentino. Agradecemos este aporte, una vez más, de colocar en la “vidriera” edificios del pasado rosarino para que la gente los reconozca y los valore en su estado presente, con su pasado y sus oportunidades en el futuro.

Un poco de Historia…
Desde mediados del s. XIX, el ferrocarril se constituyó como eje fundamental de las comunicaciones en el escenario productivo mundial. En nuestra ciudad unió el puerto con las áreas productivas, fomento la generación de nuevos poblados y la imagen de la locomotora, con su vapor y ruidos tan característicos, configuró un nuevo paisaje.
El incremento de las transacciones comerciales hizo que estas instalaciones, en el ámbito local, tuvieran un notable crecimiento. Muchos son los testimonios de aquellos tiempos, como, las estaciones esparcidas en cada pueblo por todo el territorio y también los espacios de servicios que apoyaban a dicha infraestructura, como los talleres Rosario o los “Gigantes” Gorton en la vecina localidad de Pérez.

Hablar del ferrocarril en Rosario es hablar de Rosario mismo.
En 1852, durante la secesión del estado de Bs. As., el poblado había sido declarado Fiel e Ilustre villa,  llevada al rango de ciudad y convertida en puerto de la Confederación.
Es el General  Urquiza[2] quien alentó desde 1854 una línea de ferrocarril que uniera el río Paraná con el Océano Pacifico.
Cuando se reunificó la Argentina y apenas instalado, en 1862, el gobierno nacional pensó nuevamente en una línea de ferrocarril para la pampa, fue el presidente Mitre quien concedió[3] las facultades para tal empresa: the Central Argentine Railway Company Limited, la red ferroviaria más extensa de la época, con un recorrido de 396 kilómetros.
En 1863 se firmó el contrato[4], haciéndose cargo de las obras William Wheelwright. Fue ésta la primera línea férrea respaldada por el gobierno nacional, que suscribió acciones por un monto de 200.000 pesos fuertes. También tuvieron participación la provincia de Santa Fe, el comercio rosarino y el general Urquiza, quien había promovido el proyecto en 1854. Si bien esto jugó un rol menor en comparación con el protagonismo del capital extranjero, la intervención de estos sectores reflejó el nivel de interés que suscitó el proyecto y la confianza en sus potenciales ventajas económicas[5].
La construcción del Central Argentino comenzó en abril de 1863, un mes antes de que la Legislatura ratificase el contrato que había sido firmado en marzo. Sin embargo, la línea completa hasta la ciudad de Córdoba no se inauguró hasta mayo de 1870, por demoras causadas por la guerra del Paraguay, mermas en el trabajo y algunas dificultades en tomar posesión de las tierras.
El 18 de mayo de 1870 el emprendimiento ferroviario unió Rosario con Córdoba desde la estación Rosario Central ubicada en Corrientes y el río Paraná[6], en ese momento, extramuros de la ciudad. El viaje insumia entre 13 y 15 horas. A la inauguración asistieron el ministro del interior de Sarmiento: Dalmacio Velez Sarfield; el gobernador de Córdoba Félix De La Peña; los gobernadores de Bs. As. y Santa Fe Emilio Castro y Mariano Cabral y por la empresa Thomas Armstrong y William Wheelwright
Armstrong, como presidente de la compañía, dijo en su discurso inaugural: “en todo este tiempo será este ferrocarril un recuerdo honroso para el gobierno del General Urquiza[7], bajo el cual tuvo su origen; para el general Mitre que cavó el primer surco en 1883 y para la administración de Sarmiento, bajo la cual termino hoy día[8].
Por su parte Dalmacio Velez Sarfield, dijo: “Todos han merecido el bien con esta obra. El gobierno que la decreto, el empresario que la ha llevado a término y el pueblo que supo soportar sin protestas sus cuantiosas erogaciones hasta verla realizada[9]
Para cumplir con la obligación de poblar la tierra que se le había ofrecido, la compañía formó una subsidiaria: Argentine land and Investiment Company Limited – ALICIA-, creada por los directores del ferrocarril y los contratistas, Brassey, Wythes & Company, quienes eran dueños de 300.000 libras del capital inicial del ferrocarril. Esta empresa, cuyo titular fue Perkins, inició las colonias de Roldan; Cañada de Gómez; Tortugas, entre otras. Entre mediados de 1869, cuando comenzaron las tareas de esta compañía y 1880, se afincaron ochenta colonias en Santa Fe y sesenta y seis en Córdoba.
El FCCA fue un ferrocarril pionero construido en un territorio en buena medida despoblado para crear una demanda de servicios ferroviarios ausentes y su éxito o fracaso dependía de su eficacia como sistema de comunicación completo, el Central Argentino resultó sumamente costoso por su doble carácter de compañía de tierras y ferroviaria y por los numerosos obstáculos internos que debió sortear, tales como la decepción de los accionistas, el escaso interés del directorio del Central Argentino para destinar capital a la colonización de las tierras, las quejas del público por lo costoso del servicio y las presiones de algunos políticos para que la línea fuese expropiada. Como inversión necesito de una región productiva y su poblamiento, para asegurar su rédito. Este legado concreto trascendió a la empresa y a sus avatares económicos, poniendo fuera de discusión lo positivo de este emprendimiento[10].
El Central debió atravesar pampas despobladas en vez de ricos distritos de cría de ovejas como lo hacía el Ferrocarril del Sur. Dos factores- la dispersión de la población y la necesidad de colonizar la tierra que atravesaba el ferrocarril- explicaron la falta de beneficios.
No obstante, la construcción del Central Argentino generó algunos beneficios. Rosario, la terminal este de la línea férrea, rápidamente se convirtió en un centro comercial importante. Ciudad puerto sobre el río Paraná, en abril de 1870 logró contar con una línea de barcos de vapor que la conectaba con Europa en forma directa. Por primera vez los productos podían alcanzar el exterior sin tener que ser transbordados en Buenos Aires.

En nuestra ciudad el área al norte, donde se conectaban el río y el ferrocarril constituyó un punto neurálgico.
Allí se producía la curva de las vías que llegaban hasta la estación después de atravesar la pampa, constituyendo un límite, pero también la posibilidad de conectar el tren con los puertos privados. El sector era una zona rural en cuyas inmediaciones se había asentado el Saladero 11 de Septiembre, promovido por el General Urquiza en 1858.
Una  ordenanza municipal de 1873 determinó las áreas urbanas y su uso, dividió a  la ciudad en cuatro zonas a saber: "centro" comprendido entre la primera ronda de bulevares; los "extramuros" entre ésta y la segunda, prevista a nueve cuadras de la anterior; los "suburbios" por fuera y el "bajo" para actividades portuarias.
En esta área suburbana, en 1888 Ernesto Torquinst instala la Refinería Argentina de Azúcar, donde se refinaba el azúcar que llegaba desde Tucumán por el Ferrocarril Central Argentino, para luego ser exportado. Otras empresas como Schiffner y Cía; Altget y Cía., se ubicaron sobre la barranca en contacto directo con el río[11] Luego aguas corrientes y energía eléctrica,estos emprendimientos configuraron el área norte como obrera. Esto más tarde se acentuó con la instalación de: La aceitera Santa Clara, Cotar, la Malteria Safac – Cerveza Quilmes, las bodegas Giol y La Virginia, entre otras empresas.

En este sector hacia 1888 la empresa FCCA dispuso el traslado de los talleres de reparaciones. En un primer momento los coches y máquinas se reparaban en las cercanías de la estación[12], pero por cuestiones operativas, trasladan a un nuevo predio fuera de la ciudad, al costado del camino a la ciudad de Santa Fe -en un principio calle Los Hornos y hoy Junín-. Así en aproximadamente 30 hectáreas, se erigieron hacia 1888 los Talleres Rosario. Participó en su construcción el arq. Inglés Herbert Boyd Walker, quien había intervenido en las obras  del palacio de Tribunales provinciales que construyó el empresario Juan Canals.
Los edificios se ubicaban, conectados por vías, dentro del terreno, eran galpones de ladrillos con cabriadas y cubiertas metálicas para diversos usos; un conjunto de viviendas para personal jerárquico – jefes de mantenimiento, de talleres- llamado Batten Cottage y uno para empleados llamado Morrison Building. En estos talleres llegaron a trabajar 2000 operarios.
Estos hechos determinaron que el barrio que se llamó Refinería fuera el más populoso de la ciudad. En 1902 el gobierno ordenó al FCCA construir el paso bajo nivel Celedonio escalada, en un intento por integrar el norte con la ciudad.

Atilio Reati en su libro Caminos de hierro afirma: “En un principio estos talleres fueron diseñados para reparaciones de locomotoras, coches y vagones, y cruzamientos de vías”. Cuando en 1914 se construyeron los Talleres Perez –Gigantes Gorton- derivan allí, desde 1916, las locomotoras para su reparación. “Se reparaban y armaban vagones cuyas partes llegaban desde Inglaterra, y también se atendía y modificaban vehículos para el transporte de pasajeros como coches dormitorio y más tarde coches de cine. En un principio los vagones eran completamente de madera y los techos de encerado (lona impermeabilizada). Algunas de las instalaciones fueron muy importantes, como el aserradero, diseñado por el ing. Gorton, quien también proyectó los talleres Pérez. No menos importante fueron las secciones de tornería de ruedas, de vehículos y general, ajustaje, herrería y galvanoplastía. Desde los barrios aledaños se podía visualizar la gran chimenea de 50 metros de altura. Esta y otras chimeneas fueron desmanteladas en 1968, durante la última intervención militar en los talleres y vendidas como chatarra”
Los ferrocarriles fueron nacionalizados en 1948. El Ferrocarril Central Argentino pasó a llamarse Ferrocarril Mitre.
Los talleres Rosario del Ferrocarril Mitre dejaron de funcionar el 10 de abril de 1993. Antes de destinarse sus predios e instalaciones a la construcción del Complejo Scalabrini Ortiz[13] existió una cooperativa de trabajo.
Por la avenida Alberdi se instalaron las oficinas del Nuevo Central Argentino –NCA-, que ocuparon dependencias de almacenes del ex ferrocarril Mitre y La Escuela Técnica “R. Rivarola  Nº 0471 en las dependencias de las secciones aserradero y carpintería.
Quedan aún sin destinar a un nuevo uso los centenarios conjuntos de viviendas de Batten Cottage y Morrison Building y el edificio que fuera el templo religioso de estos conjuntos sobre la Av. Alberdi.¿Cuál será su destino?

Nosotros y el futuro de nuestra identidad.
Debemos asumir que nuestro trabajo es el que esta generando el patrimonio del futuro. Nuestras acciones sobre aquellos bienes que heredamos serán analizadas por las generaciones venideras en tanto los dilapidemos, los destruyamos o los conservemos. Cuál es el espíritu de una obra, cuáles son sus centros neurálgicos? ¿Cuál es el lugar de nuestra intervención?
Un galpón puede asociarse, en la pampa húmeda, a un recinto cerrado con muros de mampostería con una cubierta liviana. Un depósito destinado a cobijar la producción agraria es bien distinto, por contexto y uso específico, a estos remanentes de la actividad ferroviaria. ¿Cuál habrá sido el término de amortización que se halló planteado en la selección de materiales para llevar adelante un diseño tan sencillo?; ¿Habrá sido necesario el cuidadoso aparejo de ladrillos que mediante entrantes y salientes, va generando una expectativa estética sumamente cuidadosa en la apariencia exterior? La sucesión rítmica  de aberturas le otorga una lectura modulada que permite calibrar lo que de otra manera sería inabarcable y ese orden permite hoy mesurarlo a nuestra escala y ubicarlos dentro de nuestra ciudad, en el presente y proyectarlo al futuro. La obra realizada en el área de los Talleres Rosario refuncionaliza las instalaciones pre existentes. Las nuevas arterias resquebrajan con su apertura el tránsito, la gran isla urbana y la integran definitivamente a la ciudad. Estamos ante un hecho consumado cuya derivación no es oportuno analizar, pero si cabe pensar que todo aquello que recibimos de un pasado centenario debería ser agradecido al espíritu de aquellos pioneros que pudiendo haberlo hecho de cualquier manera lo hicieron de este exacto modo.






Bibliografía:
ALVAREZ.J. Historia de Rosario, (1689-1939). UNR. Editorial Municipal de Rosario.
BRARDA,A.; DE GREGORIO,R.;MESANICH,V.;RAINERO,C; SCHMIDT,G; SENDON,S, Guía de Arquitectura de Rosario. Junta de Andalucía España, 2003.
FERRER, Angel; FERNANDEZ PRIOTTI, Carlos Alberto; Ferrocarriles en Rosario. Editorial Asociación rosarina amigos del riel. Junio de 2001. Rosario.
MIKIELEVICH, Vladimir; Revista de Historia de Rosario. Tomos varios.
REATI; Atilio; Caminos de hierro. El desarrollo del polo ferroviario de Rosario y su zona desde 1854 hasta fines del sXX.. Editorial Municipal de Rosario. UNR Editora. Marzo de 2005 Rosario.


Fotografías
Aérea: Municipalidad de Rosario
Panorámica desde Av. Alberdi: Colección Museo Municipal de Rosario
Detalles de galpón: Estudio arq. Matilde Bassi



[1] Miembros de CEDODAL Rosario -Centro Documental de Arte y Arquitectura Latinoamericanas. Rosario- y de la  Comisión de Preservación del Patrimonio Arquitectónico del CAD 2 Rosario.
[2] El Central Argentino surgió por iniciativa de Justo José de Urquiza y sus partidarios, en el período de la guerra entre la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires. El ferrocarril se concibió en 1854 como un medio de unir a las provincias a fin de asegurarles la igualdad con Buenos Aires. Pero la concesión otorgada por Urquiza al promotor José de Buschenthal, autorizado en abril de 1855 para contratar en Europa la construcción del ferrocarril de Rosario a Córdoba con una eventual prolongación a Chile no llegó a buen puerto, Academia Nacional de la Historia, Ricardo Levene (comp.), Historia de la Nación Argentina (desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862), vol. VIII, Buenos Aires, El Ateneo, 1962, p. 116; y H.S. Ferns, op. cit., p. 344.
[3] Juan Bautista Alberdi, Obras completas, Buenos Aires, 1887, VIII, 103-104, cit. en A.E. O'Quinn, op. cit., p. 121; A.M. Regalsky, op. cit., p. 28. Dice lo siguiente: Las concesiones a Wheelwright para la construcción del Central Argentino, fechadas el 26 de mayo de 1863, incluyeron un porcentaje de ganancia a la compañía -un mínimo del 15% neto antes de que el gobierno pudiera intervenir en las decisiones sobre tarifas-; la garantía estatal del 7% en caso de pérdidas -un capital garantido de 6400 libras esterlinas por milla-; la concesión de una legua de tierra a cada lado y en toda la extensión de la línea férrea, con la condición de que la compañía poblase el área, además de tres leguas cuadradas en Rosario y Córdoba; la libertad para importar equipos y herramientas sin pagar impuestos durante cuarenta años; una garantía de exención del servicio militar para todos los empleados de la compañía; el derecho de construir escuelas e iglesias en las tierras de la compañía ferroviaria; la fijación de los gastos de explotación en un 45% de los ingresos brutos y la excepción de la garantía o caución pecuniaria a la que el contratista estaba obligado por la ley. Además, todas las tierras requeridas por la línea, estaciones, almacenes, depósitos de carbón, tanques y otros requisitos vinculados con el ferrocarril serían entregados a la compañía por parte del gobierno, fuese la tierra de propiedad nacional, provincial o privada. La compañía, a cambio de estas concesiones, estaba obligada a llevar libremente el correo, transportar equipos militares y soldados por la mitad de la tarifa, y establecer tarifas con un descuento del 25% para el tráfico de pasajeros y fletes de los ramales. Texto del contrato... en Thomas J. Hutchinson, Buenos Aires and Argentine Gleanings; with Extracts from a Diary of the Salado Exploration in 1862 and 1863, London, Edward Stanford, 1865., 295-297, cit. en ibid., p. 122.
[4] El 19 de marzo de 1863 se firmó el convenio con el señor Guillermo Wheelwright , el cual fue aprobado por Le Nº 33 , fechada el 23 de mayo de 1863,y  luego modificado por la ley 20 de junio de 1864
[5] Texto del contrato... en T.J. Hutchinson, op. cit., 295-297.
[6] Se dispuso el traslado del cementerio de disidentes para poder asentar en su terreno la estación
[7] El General Urquiza fue asesinado el 11 de abril de 1870, un mes antes de la inauguración 
[8] REATI; Atilio; Caminos de hierro. El desarrollo del polo ferroviario de Rosario y su zona desde 1854 hasta fines del sXX.. Editorial Municipal de Rosario. UNR Editora. Marzo de 2005 Rosario. pág 54.
[9] Ib ídem pág 53.
[10] En términos de distribución geográfica, en 1880 las distintas empresas de ferrocarriles se extendían en más de sus dos terceras partes (en un 69,3%) por la pampa húmeda (norte de la provincia de Buenos Aires, y el sur de Córdoba y Santa Fe). El tercio restante correspondía a las regiones del noroeste en razón de la línea de Córdoba a Tucumán (22,5%) y a los ferrocarriles que operaban en Entre Ríos (6,8%). En ese momento, sólo tres capitales provinciales estaban ligadas por el ferrocarril (Buenos Aires desde 1857 con el Ferrocarril Oeste, Córdoba desde 1870 con la culminación del Central Argentino y Central Norte, y Tucumán desde 1876 con este último).
[11] Esto cambia con la construcción del puerto nacional en 1902, que centraliza las cargas.
[12] Para algunos historiadores, en los galpones conocidos hoy como “Peñaflor”, en España y el río.
[13] Raúl Scalabrini Ortiz (1898-1959) Periodista, escritor .Estuvo vinculado al grupo Boedo y a la revista Martín Fierro Publicó numerosos libros como El hombre que está solo y espera (1931), Política británica en el Río de la Plata (1940) e Historia de los Ferrocarriles Argentinos (1940).